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Palacio Duquesa de Híjar

La casa-hospedería que se encuentra anexa al santuario de Nuestra Señora del Pueyo, se construyó en el año de 1761 a expensas de doña Pudenciana Portocarrero Funes de Villalpando, duquesa-consorte de Híjar y marquesa de Osera por parte de su linaje familiar propio.

 

La gran devoción que esta señora tuvo hacia la Virgen, le llevó a mandar construir y sufragar el enorme edificio que hoy vemos y que debía de servir para alojar a los numerosos peregrinos y devotos que hasta allí se acercasen.

 Doña Pudenciana, se casó en 1717 con don Isidro Fadrique Fernández de Híjar, séptimo duque de esta casa, una de las de mayor prestigio en el Reino de Aragón y poseedor de numerosos títulos nobiliarios como duque de Lécera y de Aliaga. En 1764, tras su muerte, fue enterrada a los pies de la Virgen del Pueyo, como había dejado escrito en su testamento y como así reza en su losa funeraria del presbiterio de la iglesia del santuario.

 El maestro de obras que llevó a cabo su construcción fue el alcañizano Joaquín Cólera, que 1759 firmó las capitulaciones de dicha obra. Las terminó en 1761, como así consta, no solo en los documentos notariales llevados a cabo, sino que también se dejó escrito y pintado en la cúpula del techo de las escaleras principales.

 Esta gran obra debía de servir no solo como refugio de peregrinos al santuario, si no también como lugar de hospedaje principal para todo aquel que hasta allí se acercase. Cerca, en el pueblo, quedaba la más modesta posada municipal, a la que acudían los transeúntes que por el Camino Real pasaban en sus dos direcciones.

 A lo largo de su historia, la hemos visto acondicionada para otros diversos usos. Desde sus inicios y muy especialmente durante el siglo XIX, sirvió de excelente lugar de descanso y sanatorio antituberculoso para todos aquellos ciudadanos zaragozanos que con graves problemas respiratorios encontraban en estas alturas la salud que las estrechas calles de la ciudad les privaba. Así mismo, durante las primeras décadas del siglo XX en este lugar se realizaron concurridas colonias veraniegas sufragadas por el ayuntamiento de Zaragoza, a la que acudían numerosos niños de las clases más desfavorecidas de la ciudad.

 Algunos de sus usos han sido realmente curiosos y sorprendentes, como el hecho de servir de lugar de encierro de toda la población de Villamayor durante la guerra de la Independencia. Los hechos sucedieron los días previos a la conocida como batalla del Llano, que se llevó a cabo la jornada del 24 de enero de 1809 entre Perdiguera y Leciñena. En esos días las tropas francesas encerraron a toda la población de la localidad con el fin de no desbaratar los planes de ataque a las tropas de auxilio que venían a socorrer el asedio de Zaragoza.

 Así mismo, sirvió a mediados del siglo XIX como es bien sabido en Villamayor, como lugar privilegiado para la observación de los astros por parte de don Mariano Castillo, conocidísimo astrónomo autor del Almanaque zaragozano el Firmamento, todavía comercializado con gran éxito en todo el territorio nacional.

 Más tarde, durante la Guerra Civil y su etapa posterior, sirvió de acuartelamiento de tropas. Los destrozos de la guerra, su conversión en cuartel y el paso del tiempo, hicieron plantearse muy seriamente en la década de los ochenta del pasado siglo su derribo.

 Afortunadamente, diversas obras de reconstrucción como la llevada a cabo por la escuela-taller Duquesa de Híjar durante los años 2000 a 2005, han hecho posible que hoy sigamos contando con este edificio, convertido en un verdadero lujo para Villamayor, a la espera de un uso definitivo. ¿Uso tal vez compatible con los deseos de su benefactora, la duquesa de Hijar?

 

 

 Manuel Tomeo Turón

 

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