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Historia

APROXIMACIÓN   A   LA   HISTORIA   DE   VILLAMAYOR  DE  GÁLLEGO

Si el 8 de agosto de 1537, de mañanas, algún vecino de Villamayor se hubiese apostado junto al camino que atravesaba la localidad, habría observado, con no poco asombro, el paso de una gran comitiva compuesta de carros, carretas, carrozas… y toda suerte de vehículos de transporte de la época. Destacaba, entre todas, una principal. En ella viajaba, ni más ni menos, que el mismísimo Emperador Carlos V en su camino a las Cortes que iba a celebrar en Monzón.

Años más tarde, en 1676,  un extraño personaje atravesaba este mismo lugar. Venía de muy lejos, de Italia, y quería llegar hasta Santiago de Compostela, no sin antes venerar el Pilar que la Virgen dejó al Apóstol en su predicación en Zaragoza. Era un clérigo, Doménico Laffi, que en la   descripción de su peregrinaje, nos cuenta, con halago, su impresión del lugar:   Continúa Villamayor, a tres leguas (de Perdiguera), lugar grande y delicioso, abundante de todo, en una llanura con jardines, palacios, huertos y viñas, que no se puede pedir más.

Más tarde todavía, el camino y Villamayor verán con preocupación el constante ir y venir de las tropas francesas y españolas durante las acciones de los dos sitios que sufrió la capital por las tropas napoleónicas. Algo similar, sucedería en los años de la última contienda civil en lo que serían las batallas por la toma de Zaragoza.

Todo ello sucedió en lo que desde muy antiguo se denominó y denomina Calle del Paso. Era la parte urbana del importante Camino Real que desde Zaragoza llevaba a Barbastro y Monzón.

Villamayor de Gállego parece ser que nace junto a este camino de manera muy similar a como lo hicieron otras poblaciones cercanas. Así, ante la necesidad de reforzar el camino a Barcelona, la población de Alfindén sirvió de base para dar vida a una nueva población: La Puebla. O Burjasut, cerca del Gállego, sirvió de punto de apoyo para una nueva villa que afianzase el camino hacia Huesca, y ahí nació Villanueva.

¿Y Villamayor?. Pues Villamayor se establece junto a otro camino importante y parece ser que recoge a la población diseminada de aquel territorio en el que ya existía una antigua aldea que servía de referencia a toda aquella zona: Mamblas o Almamblas, como la llamaban los musulmanes. 

Hoy, totalmente desaparecida, podríamos situarla en los términos homónimos muy cercanos a la actual Torre de la Hacienda y con la antigua acequia de igual nombre cercana a su emplazamiento.

Si queremos remontarnos más atrás, deberemos contar con la arqueología, la cual nos explicará cómo todo este territorio ya fue poblado con pequeñas haciendas diseminadas por romanos y árabes, dejando estos últimos restos de su presencia en la atalaya de la llamada loma del Pesebre.

 

SIGLO  XII

Villamayor nace tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I en 1118. La fecha exacta de su fundación se desconoce, pero bien pudo ocurrir a mediados del siglo XII (año 1150) dentro de los planes reales de fijar población en las zonas recientemente ganadas a los musulmanes y que servirán tanto para extraer nuevos y ricos recursos de los nuevos territorios como de asegurar aquellas tierras de nuevas conquistas.

La primera noticia documentada de Villamayor está fechada en Zaragoza el 17 de marzo de 1178. En ella, el obispo Pedro Tarroja de Zaragoza concede una viña de su propiedad a Guillermo, prior de Santa María del Pilar. Además, añade la noticia, dicha viña se encuentra  in Almamblas in loco qui dicitur Villamayor, es decir en Mamblas en el lugar que se llama Villamayor. Dato muy esclarecedor sobre la situación de pequeña población que tenía Villamayor sobre la otra aldea más fuerte del contorno: Mamblas.

Al mismo tiempo, queda adscrita dentro del amplísimo territorio zaragozano que los reyes aragoneses concedieron a la ciudad para su control. Villamayor pasa a ser una más de las aldeas de la capital aragonesa.


SIGLO  XIII

Con la aportación de nuevas noticias, la historia de Villamayor va descubriendo sus secretos y poco a poco, perfilando su desarrollo histórico.

Así, en 1259 aparecen citados los primeros vecinos de cuyos nombres se tiene constancia: Pascasio de la Malgrana y su esposa María.

En 1263 se recoge documentada por primera vez Santa María del Pueyo, arrancando su devoción desde los primeros años de la fundación de la localidad.  Más adelante, en 1284, 1287 y 1290 nuevas noticias informan de las donaciones, culto y posesiones que la Virgen poseía en aquellos años.

Más adelante, en 1284 se documenta el testamento de don Berenguer de Tarba, que tenía numerosas propiedades en la localidad y que dejó su nombre en el actual topónimo de los montes de Villamayor. Este documento aporta muy valiosa información sobre aspectos importantes de la historia local, por ejemplo la existencia ya en esos años de terrenos de regadío que regaban con el agua de Peñaflor, o la aparición por primera vez en la historia local del importante linaje de los Tarba, que durante  varios siglos acompañará el quehacer diario de Villamayor de Gállego.

Sorprendentemente, en este siglo aparecen citados diversos topónimos que han pervivido hasta nuestros días, como el ya nombrado de Tarba, Mamblas, Siest, la Val, etc., y otros ya olvidados como  la Cañecla, la Mecha, etc.

 

SIGLO  XIV

Del siglo anterior queda un Villamayor todavía sin una clara definición de su personalidad. Todavía es la aldea de Mamblas la que lidera este espacio, pero poco a poco se van conociendo los rasgos principales de un territorio que ya no resulta nada extraño a los ojos actuales y perfectamente reconocible hoy en día. Villamayor, en todo caso, sigue como aldea dentro de aquel amplio territorio que poseía la ciudad de Zaragoza y que había sido otorgado por los reyes aragoneses tras su reconquista en 1118.

Documentos de 1319, y otros inmediatamente posteriores, dan la sorpresa de informar de la existencia de la Cofradía de Santa María del Pueyo. Dato que resulta relevante para la historia local, pues confirma la extraordinaria longevidad de una asociación que se ha mantenido con arraigo y vitalidad hasta nuestros días. Cerca de setecientos años, pues, avalan la historia continuada de esta cofradía.

Nuevos personajes, nuevos linajes  van apareciendo a lo largo de este siglo: los Pérez de Escaniella, los Frayella, los Bahuest, Lasiella,... Serán durante varios siglos los protagonistas de documentos notariales, religiosos, administrativos,... y de una parte importante de la historia local de Villamayor de Gállego.

Así mismo, un gran número de topónimos se van añadiendo a la lista iniciada la centuria pasada, muchos de los cuales han llegado hasta la actualidad: la Fatoralla, las Canales, el Rancadal, etc.  

Se desconoce la relación establecida entre la Casa del Rey y la aldea de Villamayor, pero dos datos informan de que algún tipo de conexión pudo haber. El primero, y más conocido, la afiliación del Rey Martín y de su hijo (también Martín, y Rey de Sicilia) a la Cofradía del Pueyo en 1398.  La tradición les hace ser sus primeros cofrades,  pero como ya se ha anotado la antigüedad del Cofradía es mucho mayor. Debió de tratarse, en todo caso, de una refundación.

El segundo dato referido a la Casa Real se produce  el 22 de diciembre de 1373, cuando una comitiva de ciudadanos zaragozanos se traslada a Villamayor para agasajar y hacerle un regalo al Infante don Martín, que se encontraba descansando en nuestra localidad.

En cuanto a su población, el censo realizado para el cobro del monedaje en el año 1302, da una población local de unas 650 personas. Cantidad nada desdeñable para aquel entonces, pero de poco fiar al tener en cuenta que no toda la población pagaba este impuesto.

 

SIGLO XV

Comienza este siglo con un hecho de capital importancia para la historia de Villamayor de Gállego que marcará el posterior desarrollo económico y social de la localidad. En 1406, se adhiere al uso y disfrute con pleno derecho de las aguas de la acequia de Candeclaus o Camarera. Hasta entonces, Villamayor disfrutaba de las aguas sobrantes de los pueblos dueños de la acequia: Zuera, San Mateo y Peñaflor. 

Es en ese momento cuando, con la llegada de más agua y con mayor seguridad, Villamayor pude poner en regadío nuevas tierras que aportarán una mayor riqueza a la localidad.

No obstante, desde décadas atrás se tienen ya abundantes noticias de otro sistema de aguas de riego mucho más antiguo que compartía con las poblaciones cercanas de Montañana y Las Alcoleas, resultando difícil y complicado averiguar  la realidad de este desconocido e interesante sistema.

En 1425, el arzobispo Alonso de Argüello ordena que la vieja iglesia local sea derribada debido al mal estado de la obra. En su lugar se construirá una nueva en estilo gótico-mudéjar, que será la que ha llegado hasta la actualidad tras la intensa reforma sufrida en 1973.

Del mismo año, otros documentos hablan ya de la composición y  funcionamiento de los concello y consello del lugar. Allí aparecen extensos listados de vecinos, cargos concejiles, lugares de reunión, etc. Sorprende en ellos la complejidad de los temas que resuelven así como la plena autonomía que tienen para el buen gobierno de la localidad, a pesar de que por aquel entonces, Villamayor comienza a ser denominado como barrio de la ciudad de Zaragoza. Término, este de barrio, que muy poco tendrá que ver con los contemporáneos barrios rurales que dicha ciudad tiene adscritos en la actualidad.  

La localidad, por aquel entonces, tiene una autonomía plena para realizar con libertad cualquier actividad que resultase positiva para sus intereses. Incuso es poseedora de una hacienda local y unos términos territoriales propios, con escasísima intervención de la ciudad.

Es curioso constatar, como la corporación municipal de aquella época encuentra en el portegao de la iglesia el lugar habitual de sus reuniones. Lugar que cumplirá esta función hasta el siglo XVI, en el que ya se documentan las casas del lugar. 

En aquel mismo año de 1425, se realiza el primer deslinde parcial conocido del término. En él se hace una precisa demarcación de lo que desde entonces se viene denominando el Vedado, y que durante siglos ha servido de monte exclusivo de los vecinos de Villamayor. En él se clarifica cuáles son las huegas entre este monte y los contiguos de La Cañuecla, que abarcaba las tierras vierten sus aguas al llamado barranco de las Casas, y el Vedado de La Puebla.

Durante este siglo, aparecen de nuevo gran cantidad de topónimos, tanto de la huerta como del monte, muchos de ellos vigentes en la actualidad: el Cepero, brazal de las Eras, Escartín, Carbonera, etc.

Así mismo, nuevas familias aparecen protagonizando la vida local y durante varios siglos la protagonizarán: los Lop, los Castro, los Erla, la familia Azara, los  Lisón, Ripalda, etc.

Más interesante resulta conocer los primeros detalles del urbanismo de nuestro pueblo. Durante este siglo aparecen las primeras referencias a la plaza mayor, que ya entonces se la denomina como del Planillo. O referencias a la calle del Paso o del Barranco, como se la denominó hasta hace bien poco. Así como la existencia de un muro con su portaza que debía de circundar y proteger a la localidad.

Por otra parte, el censo realizado en Aragón en 1495 da una población de 80 fuegos o núcleos familiares, de los que bien podría resultar una población total de unas cuatrocientas personas.

 

SIGLOS  XVI  

Son dos siglos de relativa bonanza económica. Los buenos tiempos que respiraba el resto del Reino junto con la puesta en regadío de nuevos terrenos durante la centuria anterior, hacen crecer la economía local. 

Varias grandes familias destacan en la localidad. Ellas serán las responsables de la construcción de las numerosas casas señoriales con las que cuenta Villamayor. Familias como los Arañón, los Arilla, los Lop, los Casbas, los Nadal,.... establecerán sus residencias en la plaza, en la calle de la Carnecería, en la calle del Paso,.... o en la Iglesia Alta, como Casa Catalán, el mejor ejemplo de todos los conservados. Este conjunto monumental de arquitectura urbana es todavía uno de los mejores conservados de la comarca. 

Si en el siglo anterior, concretamente en 1425, comienza a levantarse una nueva iglesia parroquial, denominada de Nuestra Señora del Coro, será en 1587 cuando se construya el magnífico campanal de la misma. Será la gran obra de este siglo y dotará a Villamayor de la joya más preciada de su conjunto arquitectónico. No en vano fue declarada, junto con un numeroso grupo de obras de este mismo arte, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001. 

Esta magnífica torre fue encargada por el Concejo local al maestro de obras Domingo de Estala, que aunque nacido en Idiazábal (Guipúzcoa), realiza una de las obras maestras del arte mudéjar aragonés. Curiosamente, se construyó sin derribar la antigua que ya había, forrándose la anterior y sobre estas dos se levantó el cuerpo octogonal actual.

Curiosamente, en 1526 se establece un contrato del mantenimiento del reloj de la torre antigua, entre el concejo de Villamayor y el cerrajero zaragozano  Pedro de Escalante.

La ermita del Pueyo es, así mismo, reformada y ampliada en 1507 por el destacado maestro de obras zaragozano Antonio de Lanzes, que la amplía significativamente y la dota de un coro alto. Otras obras en torno a la casa del capellán y del santero darán idea de la actividad que Villamayor vivió durante aquel siglo.

Durante este siglo, destaca la familia Arañón, que jugará un papel importante en la vida económica de Villamayor y centrará la vida social de la localidad de los  siglos XVI y XVII.

 

SIGLO   XVII

A caballo de estos dos siglos, emerge la figura de la religiosa y Venerable Madre Martina (sor Martina de los Ángeles Arilla y Estadilla), que gozó de gran predicamento entre sus convecinos y, aún hoy, sigue despertando simpatía o devoción entre los actuales vecinos de su pueblo. El libro que se escribió sobre su vida da buena idea del Villamayor de aquella época.

En 1666 se produce un sorprendente proceso ante el Justicia de Aragón, por el que Villamayor quiere cortar los pocos vínculos administrativos que le unen con Zaragoza. El hecho de ser aldea, lugar o barrio, parece ser que desagrada a la población del lugar, que no entiende el desajuste entre lo que se dice ser y lo que realmente se está viviendo. El conflicto, que se hace patente con el gobierno de las aguas de riego de la acequia de Camarera o Candeclaus, estalla y debe de intervenir el Justicia de Aragón que finalmente dictará una sentencia que las dos partes acatarán finalmente.

El estatus administrativo de la localidad quedará más o menos como estaba, con Villamayor como barrio de Zaragoza, pero con una mínima dependencia nominal de Zaragoza, y unas extensas competencias propias para el concejo de Villamayor, que le resultarán muy favorables.

Anteriormente, el 24 de abril de 1663 los Jurados de Zaragoza, por acuerdo de todo el Concejo, deciden desavecinar, prácticamente echar de la ciudad, a todos los vecinos y habitadores de dicho lugar de Villamayor... por los desacatos y procedimientos... que han echo casi de palabra como por escrito en deshonor de la dicha Ciudad y contra los derechos que aquella ha tenido y tiene. 

Hasta tal punto había llegado el conflicto con la ciudad.

 

SIGLO  XVIII

El siglo XVIII trae a Aragón cambios políticos radicales. La llegada de los Borbones a España tras la llamada Guerra de Sucesión, obliga a una reorganización de las administraciones locales adaptándolas en formas y leyes a las existentes en Castilla. Todo ello queda reflejado también en la propia regulación de la administración local de Villamayor.

Al margen de todo ello, la vida cotidiana de nuestra localidad sigue discurriendo en función de lo ya visto en siglos anteriores. Nuevos apellidos, en su mayoría actualmente presentes en Villamayor; términos agrarios perfectamente reconocibles en la actualidad; callejero urbano, salvo excepciones, similar al actual,… Pequeñas piezas del puzle que completan la historia local y que la mayor parte las tenemos presentes en la actualidad.

De este siglo, concretamente de 1761, data la construcción de la enorme hospedería anexa al santuario del Pueyo. Esta obra se realizó a expensas de la que fue Duquesa consorte de Híjar, uno de los títulos nobiliarios más antiguos y de mayor raigambre en Aragón. Se llamaba Pudenciana Portocarrero Funes de Villalpando, poseyendo, además, los títulos de Duquesa de Lécera y Belchite. Estuvo casada con Don Fadrique Fernández de Híjar, VIII Duque de Híjar, y quiso ser enterrada a los pies de la Virgen del Pueyo a la que tanta devoción le profesó. Allí sigue, junto a ella, y junto a la hospedería que mandó construir. Por cierto, Doña Pudenciana pasó a ser suegra del mismísimo Conde de Aranda (Pedro Pablo Abarca de Bolea), Primer Ministro del Rey, tras el casamiento con este de su hija Mª Pilar.

Años atrás, concretamente en 1728, en este Santuario de la Virgen del Pueyo, se acometieron importantes obras de remodelación y mejora, que dejaron al edificio prácticamente como lo vemos en la actualidad.

Importante para Villamayor fue el establecimiento de la familia Goicoechea en sus términos. La compra de numerosas tierras, en lo que era el término regante de Mamblas, hizo posible la formación de un extenso territorio que dio paso a lo que actualmente conocemos como  Torre de la Hacienda. La puesta en riego de numerosas tierras y las mejoras en el azud y acequia de Camarera, trajeron beneficios económicos para la propia familia y para todos los agricultores de la localidad. Los Goicoechea fueron una de esas familias de ilustrados, que a mediados del siglo XVIII intervinieron de manera decidida y favorable en los más diversos campos de la vida económica, cultural, artística y social de Aragón, consiguiendo unas sensibles mejoras allí donde recalaron. 

En cuanto a la población con que contaba en este siglo, y siguiendo el censo realizado en 1787 por orden del Conde de Floridablanca, Villamayor tenía en aquel entonces 864 habitantes. Su distribución  por ocupaciones y como curiosidad, era la siguiente: 1 cura, 4 beneficiados eclesiásticos, 1 sacristán, 2 hidalgos, 2 escribanos, 7 estudiantes, 45 labradores, 100 jornaleros, 48 artesanos, 25 sirvientes, 1 criado, 1 empleado del sueldo real y 501 menores sin ocupación.

 

SIGLO  XIX

El siglo comienza con los desastres que la guerra contra los franceses produjo. Villamayor, en las mismas puertas de Zaragoza, no se sustrajo de lo horrible del momento: la destrucción de los archivos municipales y parroquiales; la quema de gran parte de los altares y paredes de la iglesia; la muerte de numerosos vecinos en el propio sitio de Zaragoza; confiscaciones de ganado para alimentar las tropas; robos, etc.  

El emplazamiento del pueblo, retirado unas leguas de la capital, sirvió durante los dos sitios de importante punto de reunión para las tropas de refresco que llegaban a la ciudad. De capital importancia fueron las acciones emprendidas durante los días 4 y 5 agosto del 1808, en las que fuertes contingentes de tropas nacionales venidas de distintos puntos se congregaron en Villamayor para socorro de la ciudad. Ese mismo día, los franceses levantaban el primer sitio.

Tras la Guerra, el término municipal zaragozano se desmorona. Surgen entonces iniciativas de muchos de los lugares de su entorno para separarse definitivamente de la ciudad.

Villamayor es uno de ellos y tras diversos conflictos por la propiedad de determinados montes, se crea un nuevo término independiente del de Zaragoza. Poco cambió en su régimen administrativo y político. Poco o nada podía cambiar, pues de hecho siempre se había funcionado con una amplísima autonomía e independencia de la capital. 

A partir de 1806, las actas municipales (conservadas en el Archivo Municipal de Zaragoza) de Villamayor descubren todo el pasado cercano de la localidad. Se convierten en un delicioso regalo para conocer los más diversos avatares por los que pasaron nuestros antepasados más cercanos: los bandos municipales, la elección de los cargos concejiles, los diferentes arriendos de los bienes del municipio: la carnecería, los dos hornos, el molino, el hielo de la balsa y su pescado, la tienda y la panadería, etc. Así como la construcción de un nuevo (hoy ya antiguo) cementerio, la formación de la Milicia Nacional, los nombramientos de guardas de montes y huertas, los programas de las fiestas,… Un sin fin de datos que dan una idea muy exacta de cuál fue la vida cotidiana durante todo este siglo.

 

Como uno de los hechos más significativos de mediados del siglo, destaca la creación en 1845 de la Comunidad de Regantes. Desde 1406 en que Villamayor se adhiere al uso y disfrute de las aguas de Camarera (o Candeclaus), era el propio Ayuntamiento quien se encargaba de regir el sistema de riegos local: cobro de alfardas, reparto de aguas, nombramiento de zabacequias, jurado en pleitos, etc. A partir de entonces, el Sindicato de riegos que es como se le nombra habitualmente, será el encargado del buen gobierno de las aguas provenientes del Gállego.

Finalmente, destacan en este siglo dos figuras relevantes de la vida local. Uno de ellos, conocido por todos, es Don Mariano Castillo y Ocsiero, astrónomo de reconocido prestigio, estudioso de las relaciones entre las fases lunares y los cambios climáticos, que realizó el archiconocido Calendario Zaragozano.

Este calendario se sigue vendiendo por toda España en grandes cantidades y muchos agricultores de todo el Estado confían en sus predicciones. Es sin duda uno de las publicaciones de mayor tirada en España y el villamayorense más conocido en toda su historia.

La otra figura destacada de la localidad y que resulta prácticamente desconocida para la mayoría de los vecinos de Villamayor, es la del músico y compositor Bernardino Valle Chinestra. Nació aquí en 1849 y pronto destacó en sus cualidades musicales. Fue compañero de Bretón, Chapí,… y discípulo del maestro Arrieta. Más tarde fue Director de la Orquesta Filarmónica de Las Palmas, en donde vivió hasta su muerte y dónde compuso la mayor parte de su extensa obra. Allí se le reconoce como el gran compositor canario que dicen que fue.

En cuanto a la población que Villamayor tenía en el siglo XIX, los datos del padrón de 1842 informan de la existencia de 825 almas, 418 hombres y 407 mujeres.

 

SIGLO  XX

El primero de enero de 1912, Villamayor dejaba atrás su independencia municipal y se cobijaba de nuevo bajo el paraguas protector de la gran ciudad. Se desconocen con claridad los motivos que llevaron a convertirse en un barrio del extrarradio rural  zaragozano, pero otros muchos en aquellos años también lo hicieron. Parece ser que las nuevas leyes de administración local favorecían el que los grandes propietarios agrícolas pudiesen contribuir sus rentas en el lugar de residencia, no donde generaban la riqueza. Con ello, las poblaciones cercanas a la capital y con sus grandes terratenientes viviendo fuera del lugar, pronto se vieron faltas de recursos para hacer frente a los gastos mínimos de sus haciendas locales. Las plagas de langosta de la época también contribuyeron a ese empobrecimiento.

Su organización municipal quedó desde entonces marcada por el  Ayuntamiento zaragozano, que tuteló durante todo el resto de este siglo los designios de Villamayor.

Pronto vieron los vecinos que aquello había sido un error, pues el 21 de enero de 1920 se produjo un movimiento contrario a lo que se había realizado y manifestaron con gran disgusto lo desatendido en que Villamayor se encontraba desde el año de su anexión. 

Por supuesto, aquello no prosperó. Ni tampoco los movimientos que un numeroso grupo de vecinos se atrevió a realizar en plenos años sesenta. La Dictadura, tras las primeras cartas solicitando la segregación de los dos términos, lo cortó por lo sano sin dar pie para nada más. 

Pero sin duda alguna, la Guerra Civil es el desgraciado protagonista de lo que fue la vida cotidiana de las gentes de Villamayor y del resto del país en el siglo XX. La guerra golpeó con fuerza a sus vecinos y los hechos ocurridos todavía están por escribir.

Lo que sí sabemos es la importancia que el territorio de Villamayor jugó en la defensa de la ciudad de Zaragoza. Al igual que había sucedido en la guerra contra los franceses, otro tanto ocurrió en la gran ofensiva republicana que se llevó a cabo en el verano del 37, siendo Belchite su acción más significada.

En Villamayor quedó fijado el frente durante muchos meses y su recuerdo quedó plasmado en las numerosas trincheras que  se situaron en los montes del contorno.

De lo que vino después, lo más significativo podría ser la construcción en terrenos parcialmente propios de Villamayor, del polígono industrial de Malpica, que si bien cercenó parte de la histórica huerta, dio trabajo a gran parte de la población del pueblo. La economía de la localidad pasó, poco a poco, de ser agrícola y ganadera a una economía mixta entre industrial y de servicios, y el sector primario.

 

SIGLO  XXI

Unos años antes de este siglo, concretamente en 1991, un significativo movimiento vecinal inició un nuevo proceso de segregación de la capital. Entendían estos vecinos que Villamayor era perfectamente capaz de conducir sus propios destinos y tomar sus propias decisiones sin la tutela de la gran ciudad. Pensaban, así mismo, que esta separación municipal además de ser posible, era lo mejor para el desarrollo futuro de la localidad, que se veía amenazado por el empuje que la capital ejercía sobre su entorno. El deseo de conservar la propia identidad que hasta entonces Villamayor había sabido mantener, empujaron a este movimiento vecinal a apostar por el cambio administrativo. El peligro de convertirse un pueblo dormitorio como estaba sucediendo con numerosas localidades próximas, se descartó al producirse la emancipación de Zaragoza.

Finalmente, el 26 de enero del año 2006 se constituía nuevamente el municipio de Villamayor de Gállego.

 

Asociación cultural ALJEZ

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